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Anuncio de los artículos posteados en: Marzo 2008

29 Mar 2008 

El otro día pensé en abandonar este blog, intenté escribir pero no reuní las fuerzas necesarias. No me siento bien desde hace varios días, sin rgía, desganada, y siempre triste ... Me distancié de mis amigos, no tengo ganas de salir, pasé el tiempo prácticamente encerrada. Recién salí el martes y para colmo de males lo vi.


Es increíble, cuanto menos querés encontrarte a alguien, ahí aparece. Si tan sólo no hubiera pasado primero por mi casa mientras las chicas me esperaban, si hubiéramos ido directamente al restaurant, si Male no lo hubiera divisado al otro lado de la calle, si ... si ... si ... Me saludó correctamente, lo respondí secamente, me hice la distraída buscando algo en mi bolso inmenso. Le di la espalda mientras hablaba con los demás, lo ignoré en una palabra. No sé si percató, no creo que se haya dado cuenta. Ya sé que fue una actitud infantil, no hace falta que nadie me lo diga porque me doy cuenta. Pero qué puedo hacer? no esperaba encontrármelo, reaccioné en forma instintiva, había mucha gente a nuestro alrededor y sentía ridículamente que nos podían estar observando. Si ni siquiera se debe haber dado cuenta que lo eliminé del Facebook, con todos los amigos y especialmente amigas que ha sumado entre sus contactos. Lo eliminé y sin embargo sigo entrando a su perfil para enterarme de algunas cosillas de su vida que por supuesto no me agregan nada y sólo restan. Tampoco se percataría si lo elimara del MSN, estoy segura. Me ve siempre conectada y nunca me escribe; ya no chateamos más los lunes a la noche, ya no pone más frases filosóficas, sólo muestra fotos de sus vacaciones o de sus salidas. Y no me escribe.


Volví a discutir con C por él. C no entiende qué pasó entre nosotros, por qué no lo quiero ver, no quiero escuchar hablar de él. Dice que si le cuento me podrá entender y quizás ayudar. Conociéndolo como lo conozco, dudo que lo pueda hacer, ni entenderme ni ayudarme. Pobre C, no es que tenga mala intención pero en general es incapaz de mirar más allá de sus narices. Y después de todo, yo tampoco sé por qué me siento así desde hace un mes. Desde la última vez que estuvimos juntos y luego de que hablamos sobre lo que había pasado en las vacaciones con R. A partir de ahí sólo hubo unos sms muy cordiales y luego el silencio, de ambas partes. Jamás volvió a escribirme, sólo una vez por el msn y fueron apenas unas líneas. El silencio que me aturde más que ningún otro ruido.


Bueno, basta. No tengo que hablar más de él. Y ahora qué?


Admin · 20 vistas · Escribir un comentario
25 Mar 2008 
Hoy no tengo paz, sólo tengo tristeza y melancolía. Y un par de ataques de llanto que vinieron de pronto como los truenos que sacuden el cielo y la tierra durante una tormenta.

No salí en todo el día de casa, no tenía ánimos y así menos. Hace unos minutos vi que él se conectó y no pude evitar escribirle, al menos tengo que aparentar que podemos ser amigos, que está todo bien. Total sé que no corro ningún riesgo, está claro que dejé de resultarle atractiva o excitante, que ya no le interesa verme. Pasaron varias semanas desde la última vez que nos vimos, y aunque en el fondo sé que es lo mejor porque no podía aceptar seguir viéndolo en esas condiciones, me cuesta resignarme. Me cuesta pero he avanzado bastante, ya no espero llamados o sms, me conformo con que de vez en cuando me escriba como hizo la otra noche aunque fuera breve. Estoy segura de que jamás me cortará el rostro cuando le escriba, a lo sumo no me contestará. Los hombres son así: por un lado un tanto cobardes, y por el otro siempre les gusta dejar la puerta abierta por si acaso.

Hoy fue amable, simpático, simplemente se limitó a contestar lo que yo le preguntaba o a seguir los temas que yo mencionaba. Muy correcto, demasiado. Protocolar, diría. Seguramente estaba hablando con alguna o algunas personas más, que despertarían más su interés. No me quedó otra después de un rato que despedirme cordialmente, para qué insistir. Al menos sus últimas palabras no fueron los odiados "hablamos, nos vemos, etc".

"El silencio no es tiempo perdido ..." Solamente lastima un poco.

Admin · 18 vistas · Escribir un comentario
22 Mar 2008 
Ultimamente y cada vez más, me pregunto cual será mi problema. Sé que tengo varios pero me refiero a mi problema principal.
No soy fea, no soy gorda, soy bastante proporcionada, tengo buenas lolas, supe tener muy buena cola (ahora zafo). Tampoco soy tonta, antipática, no tengo defectos insalvables. Pero por alguna razón me fijo inevitablemente en algún imbécil que no me aprecia, no me valora, me usa y se aprovecha de mi inconfesada inseguridad.
"Las relaciones toman el rumbo o camino que uno les da". Sabias palabras, yo siempre me equivoco desde el principio: quizás doy demasiado y muy pronto por miedo a que me rechacen y eso termina sucediendo de todas formas. Tal vez sea masoquismo o quizás es algo peor. A veces siento que soy totalmente incapaz de seducir a alguien normal, atractivo sin ser lindo, con dos dedos de frente y un mínimo de sentido común. Puedo ser la amiga, el fato, la amante, la conquista del verano, el back up, pero nunca la mujer su vida, un amor real. Jamás.
Me gustan los tipos inalcanzables, aquellos que desde el vamos me dicen a gritos que nunca podrán tener algo serio conmigo. Hay otras cosas que nunca me pasan. Soy la que va sola a casamientos, cumpleaños, comidas, casamientos, bautismos, despedidas, asados, reuniones del trabajo, reuniones fuera del trabajo, y fiestas de fin de año. No suelo ser el centro de atención de nadie, quizás sí blanco de lástima por mi soledad. Cuando aparece un potencial candidato nunca me lo quedo yo, seguro que se va con otra más bella, más sexy, más misteriosa, más histérica, o se va con la mosquita muerta o el lindo gatito. Según las estadísticas hay muchas mujeres que hombres, y si contamos a los gays, es evidente que no hay novios para todas. Pero mi problema va más allá (algunos todavía quedan), creo que soy invisible o transparente para los hombres potables y disponibles. Sólo atraigo a los idiotas, los insufribles, los desagradables, los chiflados, los torturados, los fóbicos al compromiso. Y estoy comenzando a sufrir tanto estar sola como lo que deben pensar los que son testigos de mi soledad, cosa que antes no me preocupaba.
He salido con uno, he salido con otro. El sueño ha durado dos-tres meses o a veces tan sólo un noche o una semana. Para ellos siempre fui la otra, la de transición, la que dejan para volver con su ex, la segunda, el parche, a la que llaman porque no pueden volver con la ex que los dejó por otro y no pueden recuperarla, la aventura de verano, el trofeo, las que les sube o les aumenta aún más la autoestima. Siempre estoy en el banco de suplentes, soy el auto muleto, la sparring. O como en una de las fiestas del verano pasado, la que se encarga de llevar el auto de una amiga que se fue temprano con un bombón a pesar de no saber manejar y a la que le piden que se consiga un gil que los lleve a ambos, al auto y a ella. La que luego le piden que se haga cargo del jefe de otra amiga que anda borracho y engañando a su esposa por ahí, que tuvo que dormir en el living para no escuchar los gemidos de su roomie que se había mudado acompañada por supuesto al cuarto vecino. La que sedujcen en la playa top bajo las estrellas y luego abandonan sin previo aviso ni despedida para que se vuelva en el auto de los amigos. Aunque no lo crean todas esas soy yo.
Como dice un amigo mío, que más que un amigo parece mi verdugo, tal vez sea cuestión de afinar un poco la puntería, de disparar en el momento justo y especialmente de ajustar la mira en el momento de identificar si un tipo me va a dar lo que busco o no. Porque idiotas hay en todos lados. Quizás deba dejar de buscar para que algo suceda aunque también es verdad que no busqué la mayoría de esas situaciones, se dieron casualmente. Quizás en el fondo crea que no merezco a ese ser tan maravilloso e imperfecto que aseguro buscar y por eso me conformo con cualquier cosa. Será cuestión de elegir el camino opuesto al que normalmente elijo, y hacer todo o casi todo al revés. Será que hay que disfrutar del hombre equivocado hasta que llegue el indicado. Pero cuántos hombres equivocados me quedan todavía?
Quien sabe ... desconfío de las fórmulas mágicas.


Admin · 14 vistas · Escribir un comentario
20 Mar 2008 
Hace días que no escribo y no fue porque no haya tenido material para escribir, todo lo contrario. Creo que tenía tantas cosas para decir que no pude volcarlas todas al mismo tiempo en este blog. Además no me sentí muy bien esta última semana: muchas sensaciones encontradas, demasiada frustración, una alta carga de tristeza, casi ninguna alegría como sucede desde hace un largo tiempo, estuve enferma varios días (somatizando quizás?). Sigo sin entender por qué estoy así, tan negativa, tan agresiva, tan melancólica. El bajón puede ser a la mañana cuando me levanto, en el colectivo, en cualquier momento mientras estoy en la oficina, cuando estoy volviendo a casa, a la noche, cuando estoy sola en mi departamento, cuando salgo a algún lado, cuando escucho cosas de él que no me gusta escuchar.
Y lo peor de todo fue que lo vi de nuevo, después de casi tres largas semanas. Y para colmo dos veces en el lapso de cinco días. Y hace unos minutos me escribió unas líneas por el messenger, después de mucho también también. Para qué no sé, apenas me preguntó trivialidades y de pronto se desconectó. Seguramente estaba aburrido, haciendo tiempo y luego tuvo que irse, es viernes a la noche ...
Los encuentros fueron totalmente casuales, antes de que piensen que los provoqué. Es increíble, cuando uno menos quiere encontrarse a alguien, sucede irremediablemente. El primero tuvo gusto a falsa maldad: el domingo a la noche volvía con su ex de comer, pasamos por las Cañitas y lo vimos; le chistamos desde el auto, se quedó patitieso al vernos por primera vez a las dos juntas, y luego reaccionó como para acercarse y saludarnos. Fue simpático y amable, tratando de zafar de la situación lo más cancheramente posible. La segunda vez fue aún más casual pero no tan agradable, al menos para mí. Ayer fui a un evento y ni bien entro al salón lo veo con un amigo observando el ir y venir de las fashionistas. Al principio no me vio de tan absorto que estaba, luego me saludó y me presentó a su amigo. Sin embargo sentí que no me registró en ningún momento. Luego me lo volví a cruzar, esta vez estaba serio y se limitó a contestar mi corto y seco "Adiós". Y hace unos minutos me preguntó qué tal había estado el desfile de ayer. Basta que deje de pensar en él durante unas horas para que se asome de nuevo.
¿Estaba aburrido? ¿Sólo quería histeriquear? ¿Curioso? Quien sabe ... aunque ya nada de eso me alcanza ni tampoco importa.


Admin · 26 vistas · Escribir un comentario
13 Mar 2008 
Hay muchos que comparan el amor, o lo que sea que se parezca al amor, con una suerte de adicción. A veces sólo se trata de cierta inclinación por una persona, que te gusta mucho, o que simplemente tengo ganas de estar con él. Un "sentimiento" que no sé como evitar, que de a poco desemboca en una dependencia y de ahí en una adicción. Es sorprendente cuántos tipos diferentes de adicción pueden existir. Sería muy simple si sólo se tratara de sexo, alcohol, el juego o cigarrillos. Yo creo que hay varios más, y todos comienzan más o menos de la misma manera.

Primero es algo que te gusta mucho, que te da sumo placer, comienza como algo normal, un juego, algo light, pensás que podés manejarlo fácilmente y dejar en cualquier momento. El problema es que nunca termina bien, porque a la larga lo que te excitaba tanto deja de ser agradable y empieza a doler cuando te falta, cuando no lo podés tener todas las veces que querés. Y ahí decidís que querés abandonar el hábito, o a la persona, pero eso precisamente es lo más difícil ... querer dejar la adicción o a la persona, porque justamente fue por algo que me hice adicta a él.

Lo bueno cuando uno tiene un problema es admitir que ese problema existe, no es así? y cuando uno se da cuenta que tocó fondo es momento de dejar el vicio ... ahora bien cómo sabér cuándo estoy tocando fondo? Será quizás cuando cruzamos la línea del placer en algún punto, cuando esa persona se vuelve una obsesión y perdemos el control? Me aterra ver que la mayoría de las cosas que hago tienen que ver con él: busco la manera de encontrármelo, quiero ir a los lugares que frecuenta, estoy durante horas conectada en el msn por si aparece, escribo nicks sugestivos, estoy atenta a sus cambios de nick, chequeo 100 veces el display del celular para ver si me escribió como si no existiera la alerta sonora para los mensajes entrantes. Al principio creemos que nos vamos a conformar con lo que nos da, y abrigamos la secreta esperanza de que con el tiempo nos mirará de otra manera, se dará cuenta de lo maravillosa que soy y de que estamos hechos el uno para el otro. Pues bien, no es así. Lo que creí que podía manejar a mi antojo es un bumerang y quedo atrapada en mi propia trampa. Intento sentir esa excitación que sentía al principio, que me hacía olvidar todo lo demás, pero no vuelve. Para colmo me esfuerzo por hacerle creer a todo el mundo que esta todo bien y ahora ni siquiera puedo hablar de lo que realmente me pasa con nadie, me hago la canchera y para eso hay que ser canchera. Intenté reemplazarlo con alguien en las vacaciones y tampoco dio resultado, con alguien prohibido pensando que luego estaría inhabilitada moral y psicológicamente para volver a pensar en él, solo para descubrir que él siempre me había interesado desde un principio. Quién dijo que un clavo saca a otro clavo? Y eso da lugar al dolor, porque me doy cuenta de que estoy nuevamente frente a un nuevo imposible, que una vez más me equivoqué, que jugar con fuego no está hecho para mí.

Hay que terminar, para qué insistir con algo que no puede ser. Pero el punto final tampoco es fácil, porque hay nostalgia. Por más que no hayan sido muchos los momentos compartidos, quizás resulte más común extrañar lo que nunca se pudo tener. Sigo escuchando hablar de esa persona, sé qué hizo, con quién estuvo y no logro cortar los lazos. Siempre hay algo que me lo recuerda, y se vuelve un suplicio contener las ganas de verlo, llamarlo, escribirle. Ya van dos veces que logré no encontrármelo, y aunque por un lado me enorgullezco de haber resistido la tentación, por el otro me dan más ganas de verlo todavía, y me pregunto si todo este sacrificio vale la pena. Me prometo a mí misma una y mil veces que no voy a buscarlo más y pienso que con el tiempo lo voy a lograr, pero cada día se vuelve más difícil. El síndrome de abstinencia suele ser devastador las primeras semanas, pero dicen que si uno es capaz de superarlo es altamente probable que supere la prueba completa. Pido a mis amigos que no me hablen de él, para forzarme a mí también a no hablar, y lo tengo más presente que nunca.

Porque no importa cuánto duela una situación, cuán contraria sea la realidad a nuestras expectivas, cuánto daño nos haga, cuán imposible sea, cuantas fallas tenga, cuántas razones lógicas encuentre para que no podamos estar juntos ... a veces duele más ponerle fin.

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